Alcora

El Conde de Aranda, en el siglo XVIII, fundó en Alcora una fábrica de cerámica, abandonándose la producción propia de la zona en favor de un producto a imitación de lo francés. Para la nueva fábrica, el conde de Aranda contrató a los veinticuatro alfareros de la población y a un grupo de maestros franceses, Joseph Olérys, Eduard Roux y Sebastián Carbonell, fueron contratados como dibujante, pintor y modelador, respectivamente, para conseguir la imitación de las vajillas realizadas en Moustiers que, junto con Marsella y Nevers, eran los principales centros de cerámica en la Francia; estos artesanos renovaron las decoraciones e introdujeron el canon del arte barroco. En 1895 cerró definitivamente la fábrica.

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